UN
POCO DE CULTURA ( Enviada por el Turco )
FILOSOFÍA DEL JUEGO
Me gustaría que el fútbol siguiera
siendo uno de esos lugares donde descansa la cultura
popular. Me gustaría que los entrenadores no
olvidáramos que el fútbol, como todo juego,
es uno de los reinos de la libertad. Me gustaría
que los jugadores supieran que son los guardianes de
una identidad, de unos códigos y del misterio
de nunca acabar que es este juego.
Y
dale con la insistencia
¿Si
prefiero jugar bien o ganar? No se puede elegir entre
cosas de distinta naturaleza. Querido lector, si multiplicamos
cinco manzanas por tres ositos el resultado es nada.
¿De acuerdo? Pues yo quiero todo: las manzanas
y los ositos.
Hay
dos clubes, uno del campo hacia fuera y otro del campo
hacia dentro
En
el fútbol hay tres vehículos de cambio:
las leyes, la economía y la televisión.
Las leyes (Bosman sobre todo) son responsables de
un cambio cultural al provocar una movilidad que afecta
a la identidad de los clubes; la economía ha
llevado el fútbol hasta extremos de comercialización
muy poco lúdicos; y la televisión produjo
un vuelco sociológico. Es el tiempo de los
grandes empresarios: ingresos atípicos y descomunales,
obras faraónicas, grandes fichajes, innumerables
partidos. El problema es que en el medio sigue habiendo
una pradera verde donde se juega al fútbol,
un juego que ignora las reglas empresariales.
Si
hablamos de fútbol: ¿hay algo más
natural que ganar o perder?
Ustedes
dirán que en el fútbol actual la paciencia
es imposible. Mentira. Antes y ahora el fútbol
sólo vence al tiempo desde la organización
y el estilo. Que hay que ganar, claro: ¡qué
novedad! El error es que en la búsqueda desesperada
del triunfo nos alejamos de las cosas simples y vamos
dejando jirones de credibilidad. Los dioses del fútbol,
mientras tanto, se mueren de risa porque saben que
no hay nada más sencillo que este juego.
Infringir
la orden pone en peligro la titularidad. Ser obediente
es mejor que pensar
Si
miráramos dentro de la cabeza de un futbolista
de hace veinte años, como si se tratara de
la caja negra de un avión, encontraríamos
el sentido de la aventura, el revoltijo de ideas y
el placer de inventar que resulta fundamental para
jugar. La caja negra de muchos jugadores actuales
está llena de misiones estrictas, de compartimientos
ordenados y de señales de alerta. Todo menos
una idea propia. Debo decir que yo prefiero aquellas
cajas negras, aunque las cajas registradoras sean
mucho mejores en estos tiempos.
Entrenadores,
representantes, directivos
que yo sepa ninguno
maneja el balón
Desde
que los futbolistas fueron evangelizados por los entrenadores
y esclavizados por sus representantes, dejaron de
pensar. Hay grandes jugadores que saben muy bien lo
que les conviene, pero no tienen ni idea de cómo
se juega colectivamente al fútbol. Manejan
bien el balón y saben que una portería
se ataca y otra se defiende, pero fuera de esas referencias
generales muestran una ignorancia patética.
Peligro,
seguimos en la selva (escrito con ocasión de
un Numancia-Athletic de Bilbao)
El
fútbol entró de lleno en el terreno
del hiperliberalismo, ahí donde los lobos y
las ovejas viven juntos y, eso sí, libres.
Sin embargo, dentro del campo las cosas no son tan
sencillas. Los leones juegan en el estadio de Los
Pajaritos, y está por ver quién es quién.
Dinero,
tiempo y disciplina. De lo contrario, ni contigo ni
sin ti tienen tus males remedio
Un
buen día Lorenzo Sanz visitó Nyón
dando por cerrada la plantilla. Tres días después
pagó 5.600 millones por Anelka. Si en tres
años el Real Madrid necesitó dos grandes
revoluciones fue porque la primera envejeció
pronto de vanidad y exceso de entrenadores. A lo mejor
el fleco revolucionario es un entrenador que dure.
Confusión
Fontanarrosa
defiende la teoría de que primero hay que hacer
el amor y luego llevar a la chica a cenar. Se suele
hacer al revés, y las consecuencias son devastadoras
para el amor y para la digestión. También
el fútbol vive equivocado por razones igual
de simples. Primero se fichan jugadores y luego se
elige al entrenador.
Lo
enorme es inhumano
Hubo
una época, cuando los vecinos eran amigos,
en que la calle era la prolongación de la casa,
y los clubes eran la prolongación del barrio.
Hoy los clubes son un puente tendido hacia otros países,
hacia otros continentes
No me quejo de la expansión
del fútbol, pero brindo porque los clubes vuelvan
a la pasión humanística.
La
tribu
El
fútbol lucha por adaptarse a su nueva condición
de rico y famoso, pero algunos rasgos delatan su condición
de juego primitivo, silvestre, pobre
No crean
que se trata de un problema, al contrario, el poder
de adaptación es el gran secreto de la vitalidad
del fútbol.
El
fútbol es estética, pero también
es furia, sentimiento, instinto
Cuanto
más sofisticado y tecnológico sea el
mundo, más necesidad tendremos de aferrarnos
al mono que fuimos (aquí piense en un "hooligan");
cuantos más años cumplimos, más
deseos tenemos de redescubrir la infancia (aquí
piense en usted mismo viendo un partido). Para las
dos cosas el fútbol es un artículo de
primera necesidad, un juego de naturaleza muy elemental
que revuelve emociones ancestrales. Al que no le guste
su precariedad, siempre podrá jugar a la "PlayStation".
La
belleza del fútbol resulta difícil de
explicar, pero es muy fácil de descubrir
Tiene
que ver con los jugadores, quedó dicho, pero
también con un conjunto de actitudes. ¿Lo
que importa es el resultado? Esa es una manera bastarda
de ver el fútbol. Importa la ambición,
la audacia, la aventura, la entrega generosa de todos
en defensa de una idea grande. El lenguaje de algunos
entrenadores se ha perfeccionado tanto que llaman
profesional y responsable al fútbol estéril
y miserable que proponen. Yo aplaudo a Toshack, a
Van Gaal, a Camacho, a Víctor Fernández
y a todos los que entienden que jugar es arriesgar.
El
Real Madrid era un equipo de abuelos y nietos, falta
la generación del medio
La
edad ideal para jugar al fútbol y afrontar
las grandes responsabilidades está, para mi
gusto, entre los 26 y los 31 años. En esa franja
se movían casi todos los titulares del Barcelona
de Cruyff; grandes jugadores, pero también
hombres hechos y derechos. La revolución del
Madrid consistió en cambiar a "vedettes"
que habían perdido todo sentido crítico
por jóvenes con ambición y orgullo.
Revolución anímica antes que futbolística,
que apuntaba al futuro más que al presente.
La juventud y la rebeldía ganan partidos pero
un Campeonato es cosa de hombres.
En
un juego de habilidad y astucia es grave confundir
cantidad con calidad
Pacho
Maturana lo dice así: gano la pelota y no le
doy velocidad no pasa nada. Si pierdo la pelota y
no le doy velocidad pasa mucho. Es cierto, pero no
siempre. En el fútbol es tan importante pisar
el freno como el acelerador. Toda la sabiduría
puede caber en una pausa de Fran, Mostovoi o Kiko.
Rápido y para adelante es un modo de alejar
el peligro antes que de atacar. En fútbol la
velocidad es enemiga de la precisión, los carriles
son muy largos y la línea recta choca contra
los rivales, lo que obliga a seguir corriendo, esta
vez detrás del balón. Lo cierto es que
hay equipos que se caen a pedazos en las segundas
partes por no saber administrar el capital físico.
En
la ley del fuera de juego, o ley de la inteligencia,
un traidor vale por diez valientes
Es
muy difícil lograr que la defensa se mueva.
Arrigo Sacchi lo logró en el Milan gracias
a sus conocimientos, y a Baresi: un genio defensivo.
Veo una foto de una defensa con los dos centrales
adelantados y los dos laterales enganchados, que es
lo mismo que abrir de par en par las puertas del gol
en contra. Si se tira el fuera de juego, los primeros
que tienen que salir son precisamente los laterales.
Si el que se queda dormido es un central, al menos
hay un defensa en el camino que lleva a nuestra portería.
Está
el apasionado y el que sólo es un profesional,
por eso, un alegato
Alegato
a favor del futbolista que, por conocer a fondo el
juego, se puede dar el lujo de seguir el mandato de
su propio instinto; que por respeto al vestuario sólo
tiene actitudes constructivas; que por sentirse jugador
de los pies a la cabeza se sabe representante de una
herencia y de mucha gente que lo admira.
Alegato en contra del futbolista sumiso que acepta
imposiciones como si el entrenador fuese su amo y
no su maestro; del parásito que por pensar
sólo en sí mismo no se compromete ni
con las ideas ni con los afectos; del esclavo que
nunca sabrá que jugar significa ser libre,
y jugar en equipo significa ser responsable.